La velocidad con la que avanza la tecnología impone un reto constante a empresas y gobiernos a escala global. La adaptación a esta nueva realidad es una carrera contrarreloj: o evolucionamos con el mercado o corremos el riesgo de quedarnos atrás.
Para analizar esta situación en España, conversamos con el doctor en Gestión Empresarial, Andrés Arenas Falótico, quien cuenta con una destacada trayectoria internacional en multinacionales y el sector académico.
Actualmente, es jefe de estudios en la Universidad Alfonso X el Sabio y ha sido reconocido por diversas instituciones, incluyendo la Higher Education Academy del Reino Unido y ANECA en España. Su carrera ha sido distinguida incluso a nivel gubernamental en EE.UU. en 2002, el alcalde de Miami, Alex Penelas, le otorgó un día en su honor, y en 2024, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, lo nombró «Nuevo Madrileño del Año».
Hoy, nos comparte su visión estratégica sobre el modelo empresarial español, que, según su análisis, sigue siendo más reactivo que proactivo en la adopción de tecnología.
¿Cuáles son los principales desafíos y oportunidades para las empresas en España?
Las empresas españolas se dividen en dos bloques: las que innovan con rapidez, asumen riesgos y logran resultados y; las que van a remolque, avanzando solo cuando las circunstancias las obligan.
El principal obstáculo es la rigidez del sistema tributario, que limita la capacidad de maniobra de muchas compañías. A diferencia de otros países con recursos naturales que pueden compensar las necesidades fiscales, España depende de la tributación de empresas, autónomos e individuos.
Uno de los ejemplos más claros de esta brecha empresarial es la transformación digital. Mientras en algunos sectores se investiga el impacto del deshielo en el ártico o los sesgos en la inteligencia artificial, todavía hay empresas que facturan millones de euros sin ni siquiera contar con una página web. Esta disparidad evidencia la urgencia de modernizar el tejido empresarial español.
¿La digitalización empieza por tener una web?
No es solo cuestión de presencia digital. Lo crucial es cómo una empresa gestiona sus paradigmas tecnológicos. Por ejemplo, muchas empresas siguen utilizando Excel en lugar de soluciones avanzadas como SAGE o SAP. Si bien Excel puede ser suficiente en algunos casos, cuando empieza a generar ineficiencias o retrasos en la toma de decisiones, es una señal clara de que ha llegado el momento de evolucionar.
La tecnología no espera a nadie. El coste de oportunidad de no adaptarse es alto: o innovamos o nos quedamos atrás. Si no asumimos los cambios de manera progresiva, puede llegar un momento en que sea demasiado tarde.
Un aspecto clave es la transferencia de conocimiento. Si las generaciones más jóvenes no tienen la oportunidad de aprender de los empleados con más experiencia, se pierde un caudal de conocimiento invaluable.
¿Y qué tiene que ver la transferencia de conocimiento con la tecnología?
¡Todo! Uno de los mayores desafíos actuales es la conservación del conocimiento adquirido por miles de profesionales que pronto se jubilarán. Sin un sistema efectivo para documentar y transmitir su experiencia, corremos el riesgo de perder información valiosa que ha costado cientos de miles o incluso millones de euros desarrollar.
La tecnología puede ser una solución clave. Los sistemas de inteligencia artificial pueden capturar, organizar y poner a disposición de las futuras generaciones este conocimiento de manera intuitiva y efectiva.
¿Cuál es tu consejo para las empresas?
La anticipación es clave. No podemos esperar a que la competencia nos obligue a cambiar o a que una crisis nos fuerce a innovar. La pandemia del COVID-19 fue un claro ejemplo, y ahora, con un contexto global inestable, hay que estar preparados para escenarios inciertos. Las empresas deben integrar la digitalización en su ADN estratégico, no como una opción, sino como una necesidad para garantizar su sostenibilidad a largo plazo.
¿Qué sectores están en una situación crítica?
- El sector agroalimentario. La «España vaciada» sigue siendo un fenómeno preocupante. Los jóvenes no quieren trasladarse al campo, incluso aquellos con formación en agroindustria. La tecnología podría mejorar la productividad y hacer más atractiva la oferta salarial en estas zonas.
- Los medios de comunicación tradicionales. Mientras la radio ha sabido adaptarse con podcasts y videopodcasts, la televisión en abierto enfrenta serios desafíos. Los intentos de migrar a plataformas digitales no han sido del todo exitosos, y la transición a formatos más cortos y dinámicos, como los de TikTok, es un reto difícil de implementar y, aún más, de convencer a sus directivos.
Las empresas que no entiendan la urgencia del cambio podrán sobrevivir por algún tiempo, pero eventualmente se verán obligadas a transformarse de manera forzada.
¿Cómo imaginas el ecosistema empresarial español en los próximos 10 años?
Si hacemos las cosas bien, veremos empresas más ágiles, globales y con un fuerte enfoque en la innovación. Pero si seguimos reaccionando tarde, corremos el riesgo de quedar rezagados frente a economías más dinámicas.
La pregunta no es si debemos cambiar, sino cuán rápido podemos hacerlo.